Le informamos que este sitio web instala cookies propias y de terceros al navegar por sus páginas con el fin de facilitar su navegación y obtener datos estadísticos. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso e instalación. Acepto más información
Facebook

La física es clara: los perros pequeños necesitan abrigo.

01-02-15

Son razas concebidas para vivir en interiores y además pierden y ganan calor con mayor rapidez debido a su tamaño.

Los abrigos para perros son comunes en invierno. Fuera de discusión queda su dudoso estilo, que hace que algunos dueños prefieran ahorrarles la humillación a sus mascotas, pero lo cierto es que estas prendas perrunas son más necesarias de lo que pueda parecer.

Los animales, evidentemente, pasan frío y calor. “Tienen los mismos termorreceptores que nosotros a la hora de notar el frío y el calor”, explica a Teknautas el investigador de la Universidad Complutense de Madrid y experto en fisiología animal, Ángel Luis Alonso. La diferencia se encuentra en que el pelaje del resto de mamíferos “sirve de aislante”. Por este motivo, muchos mamíferos están mejor preparados para soportar el invierno que el ser humano, que depende de su habilidad para confeccionar tejidos y refugios. Uno de estos ejemplos se encuentra en el antecesor de los perros, el lobo. El antagonista de Caperucita Roja posee un denso pelaje que le protege del clima adverso de bosques, montañas e incluso tundras.

En este caso, ¿cómo es posible que su pariente doméstico pueda necesitar un horrible abrigo para protegerse del frío y la lluvia? Tanto el lobo como el perro se clasifican dentro de la misma especie, Canis lupus. Pero la diferencia entre uno y otro son miles de años de domesticación.

“Las razas de perros son productos del hombre que nada tienen que ver con la adaptación a la naturaleza”, asegura Alonso. Y es que nuestros mejores amigos son fruto de la selección artificial humana, que no siempre ha buscado animales fuertes y resistentes, sino simplemente simpáticos compañeros.

Por supuesto, esto no evita que existan canes más grandes que los lobos, como el mastín, o con un pelaje preparado para las condiciones más frías, como el husky siberiano. Muchas razas de perros, utilizadas para la caza y el pastoreo, exhiben una buena adaptación al medio. Son aquellos capaces de sobrevivir en la calle, y que no desaparecerían si el ser humano se extinguiera, tal y como explica Alan Weisman en El mundo sin nosotros.

Otros casos, como los chihuahuas y yorkshires, no están preparados para vivir sin sus dueños. Ni tampoco han evolucionado para protegerse de, por ejemplo, temperaturas extremas.

Cuestión de tamaño

No se trata sólo de una cuestión evolutiva. Los animales más pequeños pierden calor –y lo ganan– con mayor rapidez que los grandes por una simple razón física, la relación superficie-volumen. “Los más pequeños tienen menos superficie en proporción por la que perder calor”, explica Alonso.

Y es que hay una relación clara entre la pérdida de calor y el tamaño, ya que los animales más grandes tienen una menor superficie en proporción a su volumen por la que perder calor. “La distancia de cualquier célula del interior del cuerpo a la superficie es mucho mayor que en un animal pequeño”, explica Alonso. Esto afecta a la pérdida y la ganancia de calor, por lo que la temperatura de un chihuahua se equilibra con el medioambiente “mucho más rápidamente” que la de un dogo argentino.

Esta sencilla explicación física provoca que los canes más pequeños tengan más problemas que los grandes a la hora de mantenerse calientes en invierno. A esto hay que sumar que algunas razas ni siquiera cuentan con un buen pelaje que les aísle del exterior.

 

 


Ver animales en adopción

Asociación Protectora de Animais de Vilagarcía de Arousa - Tel. - Contactar Bambú cms